Comprender el Alzheimer con ojos de niño

Imagen de Alzheimer con ojos de niño. Hilos de colores
Alzheimer con ojos de niño. Hilos de colores

Comprender el Alzheimer con ojos de niño es el objeto de numerosos libros de literatura infantil. Puede que los pequeños no sepan lo que es la patología cuando la ven en sus abuelos o seres queridos más cercanos, pero no se avergüenzan y solo desean seguir junto a ellos.

Desde hace unos años, la literatura infantil recoge el  universo del Alzheimer, sin pretender  en todos los casos explicar la enfermedad a los niños sino de hacer partícipe a los adultos lo que éstos sienten.

Guía de Mayores se ha detenido en algunos de ellos para compartir su delicadeza y sabiduría.

Hilos de colores. Cuando los besos son la mejor medicina.

“Cuando la abuela le regaló su historia, llena de colores y cosida con las agujas del corazón, la niña comprendió que algunas veces la memoria puede ser tan frágil como los hilos que se lleva el viento… que las experiencias de la vida se entretejen para formar lo que cada uno es, y cuando todo se olvida, la mejor medicina son los besos…”.

Es un fragmento de “Hilos de colores” de Elena Ferrándiz, que además  es la ilustradora de la obra. Realizada  en colaboración con la Fundación Alzheimer, a la que se dedican parte de los beneficios, el libro (Legua Editorial) está dedicado a los que se le escaparon los recuerdos, los que necesitan de otras manos y muchos besos. Y a los que están al lado y no olvidan, prestan sus manos y regalan besos. En palabras de su autora, es un libro “sobre la pérdida de la memoria y la importancia de los sentimientos, sobre el cariño y la generosidad. Está hecho con el corazón y con el ánimo de colaborar para que seamos más sensibles y empáticos, no sólo con la enfermedad o la vejez, sino con todo lo que afecta a cualquier ser humano”.

Mi abuela no se acuerda de mi nombre

Este cuento (Ed. Dibbuks) está destinado a que las personas adultas entiendan el Alzheimer desde la perspectiva de una niña.

A la más pequeña de la familia no le importa la enfermedad, puede que no la comprenda, pero ella sólo quiere estar con su abuela.

Elena, la narradora de la historia, no entiende por qué su abuelita no recuerda su nombre, ¡si se llama igual que ella!.

Son 24 páginas, con unos dibujos a color increíbles de Mai Egurza, con los pensamientos e interrogantes de la niña que no entiende qué le sucede a su abuela, sin olvidar el sufrimiento de la propia anciana, que no es ajena a lo que le está ocurriendo.

Su autor, Rodolfo Esteban, nos describe poco a poco como el alzheimer va borrando los recuerdos: de los primeros despistes (aliñar una ensalada con lavavajillas) a mayores descuidos. Pero contado con una sencillez e innato desparpajo e inocencia de una niña que hará sonreír a más de uno y comprender muchas cosas.

Papá, ¿por qué el abuelito lleva puestas las zapatillas de la abuela?

Así se titula uno de los cuentos  del libro “Gulo, el elefante anoréxico, formado por un total de cinco, (Editorial Mensajero), de Roberto Corral e ilustrado por Enrique Morente, en el que el hilo conductor es también una nieta de 9 años a la que molesta que sus padres le tomen por tonta y crean que no se entera de lo que pasa a su alrededor. Y lo que pasa es que su abuelo está enfermando de Alzheimer.

“Pero abuelito, ¿qué haces? Y él me respondió: “Anda, pues poner el mantel para comer. Le contesté que ya habíamos comido y, después de unos segundos, y con cara de extrañeza, se dio un palmetazo en la frente y dijo: Pues es verdad, vaya cabeza la mía”. Es una de las muchas anécdotas que describe la niña, que no oculta su miedo a que algún día a ella le pueda pasar lo mismo. (“No sé, como el sarampión que le pegó a mi hermano el niño del quinto, el de las pecas”.)

Esta es sólo una de sus numerosas preocupaciones, que son respondidas por sus padres con sabiduría y en el registro adecuada a la edad de su hija.

El zorro que perdió la memoria, de Martin Baltscheit (Loguez Ediciones)

En la fábula, el zorro es listo, traicionero y ávido de gansos, liebres y gallinas. En el libro de Baltscheit también era así: guapo, espabilado, “rojo y rápido”.

Explicaba trucos y engaños a jóvenes zorros; era un maestro de su oficio y un arrojado aventurero. Pero el zorro se hace viejo, no solamente canoso, lento y enfermizo, no, se vuelve muy olvidadizo. Primero confunde los días de la semana y va a la iglesia los miércoles. Después, en la caza, se olvida de cazar y ya no reconoce su propia imagen en el río.

Ser un aventurero, eso gusta a los niños en la edad de lectura de este álbum. Pero ellos también conocen el olvido, la búsqueda ansiosa, como “¿dónde está tu anorak?”, después de haber estado jugando fuera, y la típica respuesta de los niños: “¿qué anorak?”.

Baltscheit consigue una conexión con las experiencias cotidianas del lector infantil, llevándolas de forma comprensible y sensible a la proximidad de lo que le sucede al zorro. No es necesario hablar para nada de demencia. Se trata, sobre todo, de un estado psíquico, que también comprenden los niños.

Eso lo consigue  Baltscheit -explica la editorial- no sólo a través del texto sino también en sus ilustraciones.

Cada una de las dobles páginas tiene su especial expresividad colorista: un rojo profundo para los días heroicos del zorro, tonos grises y negros para los días sombríos o colores oscuros y bruscos contrastes para representar la pérdida del concepto propio, después un rosa para los despiadados, triunfantes gansos, que entonan el “yo he robado la memoria al zorro”.

A continuación os describimos otras dos obras que también nos han gustado, pero de forma más breve.

La abuela necesita besitos, de Ana Bergua  (Ed. Proteus)

Un cuento lleno de sensibilidad sobre el valor del amor y la ternura, especialmente de los nietos, ante la vejez y las enfermedades degenerativas.

El libro pretende fomentar el respeto hacia las personas mayores y ayudar a los más pequeños a ver el envejecimiento y los procesos de deterioro mental asociados como algo natural y, a menudo, inevitable.

Además de exponer algunas acciones recomendadas para estimular la memoria, las autoras proponen un remedio infalible para apaciguar los procesos degenerativos: amor, ternura y muchos besitos.

Mi abuelo Simón lo sabe, Nieves Pérez (Anaya)

El abuelo Simón es el mejor abuelo del mundo para la narradora de este cuento, su nieta.

Ella sabe que su abuelo olvida los números, los colores e incluso el día en el que vive. Sin embargo, recuerda los tipos de mariposas que existen o cómo iba vestida su mujer el día que la conoció. Además, sabe si su nieta está triste o necesita estar sola, pues tiene todo el tiempo del mundo para estar con ella.

Con la exposición de estos “cuentos” de literatura infantil queremos plasmar que los niños perciben los cambios que sufren, en su forma de actuar y comportarse,  sus seres queridos más cercanos afectados por la enfermedad del Alzheimer.

Guía de Mayores se une al Día Mundial del Alzheimer que se celebra todos los 21 de septiembre.

 
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