Alegato contra la marginación de las personas mayores

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De Senectute, Personas mayores

 “De Senectute” es el testamento intelectual de Norberto Bobbio (1909-2004), considerado como uno de los filósofos italianos más importantes del siglo XX. Bobbio reflexiona sobre la “cuarta edad” y realiza un alegato contra la marginación de las personas mayores en nuestra sociedad.

No obstante, encuentra una explicación a este hecho: en las sociedades tradicionales, que evolucionan lentamente, “el viejo” encierra en sí mismo el patrimonio cultural de la comunidad. El viejo sabe por experiencia –afirma- lo que los otros no saben aún, y necesitan aprender de él, sea en la esfera ética, sea en la de las costumbres, sea en las de las técnicas de supervivencia.

Los cambios se aceleran en la modernidad

Por el contrario, en las sociedades evolucionadas el cambio cada vez más rápido, tanto de las costumbres como de las artes, “ha trastocado la relación entre quien sabe y quien no sabe”. Las personas mayores se convierten crecientemente en quien no sabe con respecto a los jóvenes que saben, y saben, entre otras cosas, porque tienen más facilidades para el aprender.

Subraya Bobbio que la sabiduría para un viejo consiste en aceptar resignadamente sus propios límites. Y, para aceptarlos, hay que conocerlos. Para conocerlos, hay que buscar alguna razón que los justifique.

En su caso, explica, los límites los conoce bien, pero no los acepta: “Los admito únicamente porque no tengo más remedio. Diré con una sola palabra que mi vejez es la vejez melancólica, entendiendo la melancolía como la conciencia de lo que no he conseguido ni podré conseguir.

Es la imagen de la vida como una calle donde la meta siempre está más lejos y, cuando creemos que la hemos alcanzado, no es la que habíamos pensado como definitiva. La vejez se convierte entonces en el momento en que nos damos cuenta de que el camino no sólo no está realizado, sino que ya no hay tiempo para realizarlo, y que hay que renunciar a conseguir la última etapa”.

Una vejez ofendida

Hablar como viejo hoy “es hablar como octogenario”, afirma el filósofo. Eso le distingue, entre otros, de Cicerón, que escribió su “De Senectute” en el 44 a.d.C., cuando tenía 62 años.

Bobbio casi desprecia la retórica tradicional que mitifica la ancianidad: para él ser viejo no es hermoso. Las personas mayores viven una “vejez ofendida, abandonada, marginada por una sociedad mucho más preocupada por la innovación y el consumo que por la memoria”.

Sin embargo, a través de las deliciosas páginas de este libro, su autor no parece ni cansado, ni aburrido, ni desilusionado con esta etapa.

Lo malo de la vejez es que dura poco

Es más, llega a afirmar que “lo malo de la vejez es que dura poco”. Y añade: “El mundo del futuro está abierto a la imaginación, y ya no te pertenece, el mundo del pasado es aquel donde a través de la remembranza te refugias en ti mismo, retornas a ti mismo, reconstruyes tu identidad. El viejo vive de recuerdos y para los recuerdos, pero su memoria se debilita día tras día. Y sabes que lo que ha quedado, o lo que has logrado sacar de ese pozo sin fondo, no es sino una parte infinitesimal de una parte de tu vida”.

“No te detengas, no dejes de seguir sacando. Cada rostro, cada gesto, cada palabra, cada canto, por lejano que sea, recobrados cuando parecían perdidos para siempre, te ayudan a sobrevivir”.

Precisamente porque la ancianidad dura poco, Bobbio aconseja emplear el tiempo no tanto en hacer proyectos para un futuro lejano, cuanto en intentar comprender el sentido o el sin sentido de tu vida.

“Concéntrate. No disipes el poco tiempo que te queda. Rememorar es una actividad mental que no ejercitas con frecuencia porque es trabajosa o perturbadora. Pero es una actividad saludable.

En la remembranza te encuentras a ti mismo, tu identidad, pese a los muchos años transcurridos, las mil peripecias vividas. Encuentras los años perdidos tiempo atrás, los juegos de cuando eras niño, los rostros, la voz, los gestos de tus compañeros de colegio, los lugares, sobre todo los de tu infancia, más lejanos en el tiempo pero más nítidos en la memoria”.

El mundo de los viejos es el mundo de la memoria

El mundo de los viejos, de todas las personas mayores, es de forma más o menos intensa, el mundo de la memoria, argumenta Bobbio en su obra: “Eres lo que recuerdas. Una riqueza tuya amén de los afectos que has alimentado, son los pensamientos que pensaste, las acciones que realizaste, los recuerdos que conservaste y no has dejado borrarse, y cuyo único custodio eres tú”.

Acabamos con la reflexión de que el tiempo del futuro para la persona mayor es demasiado breve para preocuparse por lo que sucederá.

Disfruten de la vida, sin más. Una recomendación válida para cualquier edad. Y lean el libro.

 

 

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