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La polimedicación en mayores: un reto de salud que afecta a 3 de cada 10 españoles

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Envejecer con salud es el objetivo de cualquier sociedad moderna, pero a menudo este proceso viene acompañado de un aumento en el consumo de medicamentos. Un reciente estudio del Ministerio de Sanidad, basado en los datos de Atención Primaria (BDCAP), revela que casi el 30% de los mayores de 65 años en España toma cinco o más fármacos de forma crónica. Este fenómeno, conocido como polimedicación, abre un debate necesario sobre la seguridad del paciente.

La polimedicación no es solo una cifra, es una realidad cotidiana en millones de hogares españoles. Según el informe, la prevalencia de este hábito aumenta drásticamente con la edad, alcanzando su pico máximo en el grupo de entre 85 y 94 años. En esta franja, casi el 45% de las personas consume múltiples principios activos diariamente.

Este dato refleja la enorme complejidad de tratar diversas patologías crónicas de forma simultánea en la edad avanzada. Desde un espíritu formativo, es importante entender qué se considera un «medicamento crónico» en este estudio. Se define así a aquellos fármacos que se consumen durante al menos seis meses al año de forma continuada.

Los fármacos más utilizados por los pacientes polimedicados son los protectores de estómago, presentes en el 70% de los casos analizados. Les siguen de cerca los tratamientos para el control de la tensión arterial y el colesterol. Estos tres grupos forman el núcleo duro de la medicación crónica en la tercera edad en España.

El informe arroja datos muy interesantes sobre cómo hombres y mujeres vivimos la salud de forma distinta. Las mujeres polimedicadas tienden a consumir más fármacos relacionados con la salud ósea, la tiroides y el bienestar emocional. Por su parte, en los hombres predominan los tratamientos urológicos, cardiovasculares y para la diabetes.

Esta diferencia de género subraya la importancia de aplicar una perspectiva personalizada en las consultas médicas. No se trata solo de recetar, sino de evitar la «cascada farmacológica». Este riesgo ocurre cuando se receta un medicamento nuevo simplemente para tratar los efectos secundarios de uno anterior, complicando el cuadro clínico.

Uno de los puntos más constructivos del estudio es la conexión entre el número de fármacos y la presencia de enfermedades graves. Los datos muestran que las personas polimedicadas tienen una frecuencia de insuficiencia cardíaca muy superior a quienes no lo son. También son más propensas a sufrir enfermedades renales o problemas metabólicos.

Sin embargo, el informe también lanza una advertencia sobre el uso de ciertos fármacos. En algunos grupos, como la vitamina D, el uso es superior a la frecuencia de la enfermedad que deberían tratar. Esto sugiere que existe un margen de mejora para «desprescribir» o ajustar los tratamientos cuando ya no son estrictamente necesarios.

El objetivo final de este análisis es proporcionar herramientas a los médicos de familia para realizar revisiones periódicas. Se busca que el sistema sea capaz de simplificar los tratamientos, reduciendo riesgos como las caídas o las interacciones no deseadas. Una medicación más sencilla se traduce siempre en una mayor seguridad para el usuario.

En conclusión, la polimedicación es una herramienta valiosa, pero debe ser gestionada con extrema precisión técnica. El futuro de nuestra sanidad pasa por una atención más integrada y humana. El objetivo es asegurar que cada pastilla que se consume sea, de verdad, una mejora real para la calidad de vida del paciente.

Referencias

Más info sobre la ONG Guía de Mayores en su blog

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